Los días perfectos propone de manera íntima y emocional una reflexión sobre el amor, la rutina, el paso del tiempo y la propia identidad individual dentro de un largo vínculo de pareja.

Ésta obra unipersonal, que representa el debut teatral sobre escenarios españoles del actor argentino Leonardo Sbaraglia, se presenta en el Teatro La Latina desde el 1 y el 26 de octubre de 2025, bajo la dirección artística de Daniel Veronese, y adaptada a partir de la novela homónima del escritor Jacobo Bergareche.
La pieza comienza con un hallazgo literario, de este aparente investigador: el protagonista (Sbaraglia) descubre, en un centro de documentación en Texas, correspondencia íntima e inédita que William Faulkner envió a su amante Meta Carpenter. A partir de este descubrimiento, el personaje se ve tentado a realizar una introspección y revisar su matrimonio tras más de 15 años de convivencia, comparándolo con el romance ferviente de Faulkner y establecimiento más discrepancias que similitudes entre su vida sentimental y las huellas vagas de pasión y disfrute que existían cuando el amor se suponía prematuro.
Durante la hora y media que dura la obra, se repasan momentos luminosos de juventud, de ilusión, de deseos compartidos, momentos donde esta pareja solo vivía de la esperanza del compartir con el otro, así como también el relato se ve nublado por la decepción de la rutina, y todas aquellas nimiedades que opacan con los años la luz y la fuerza de la relación.
En escena
Leonardo Sbaraglia se enfrenta solo al escenario. Simplemente una silla, las dichosas cartas de alguien a su amante, y él, allí bajo la luz frontal que deja ver a través de sus ojos las emociones por la que transita a lo largo del relato.

Se puede oler y sentir a través de Leo a ese protagonista vulnerable, dudoso y también un poco arrepentido.
Estamos ante un verdadero monólogo. Un monólogo que traspasa la piel, con momentos de catarsis y verdadera sinceridad donde vemos la nostalgia por lo que ya no es, pausas, silencios, momentos de profunda introspección.
Mientras estaba sentada en el patio de butacas, por algunos instantes ese actor, dando vida a un personaje confundido, me recordaba a esas sesiones de psicoanálisis donde el paciente esta recostado en el diván y deja rienda libre a sus pensamientos y sus palabras. Es sin dudas un monólogo exigente, tanto para el actor como para el público.
Acompañando todo este triunfo, Daniel Veronese, como director y adaptador, crea una atmósfera poética a través de elementos necesarios como la musicalización, la escenografía minimalista, y la videoproyección; que lejos de distraer acompañando y alimentan el encanto íntimo de la pieza.
Valor simbólico y emocional
Otro acierto de Los días perfectos es su capacidad para generar empatía y reflexión. La obra no pretende ser un juicio de valor hacia esa pareja que por distracción y rutina se olvidó de lo que eran; sino que invita a mirar hacia adentro, a reconocer que justamente es esa rutina la que puede degradar y consumir los sueños, y que el vínculo amorosa prolongado exige y necesita diálogo, renovación, elección constante y esfuerzo para mantener la esencia de lo que fue.
También pone en evidencia cuán frágil puede ser la promesa de lo “perfecto” y cómo, con el tiempo, la acumulación de silencios, decepciones, expectativas no cumplidas, cobra un peso que muchas veces no se ve hasta que ya es parte del paisaje emocional del día a día.
El recurso de articular la narración alrededor de las cartas de Faulkner añade una dimensión literaria e histórica que enriquece la obra: no es simplemente una reflexión de un personaje y nada más, sino que es la reflexión de ese personaje que resuena en cualquier otra persona que viva un amor de años; cómo lo íntimo de la escritura puede resonar más allá de lo privado.
En Resumen
Los días perfectos es una experiencia teatral que trasciende la simple narración de una historia amorosa para transformarse en un espejo emocional donde el espectador puede verse reflejado. Bajo la dirección sensible y precisa de Daniel Veronese, y con la entrega actoral de Leonardo Sbaraglia, la obra logra construir un espacio íntimo, casi confesional, en el que el público es invitado a acompañar al protagonista en su viaje hacia la memoria, la pérdida y la búsqueda de sentido dentro del amor que envejece.

Lejos de ofrecer respuestas o moralejas, la pieza se sostiene en la duda, en la observación de los silencios que se acumulan entre dos personas con el paso de los años. En esa quietud, en esas pausas donde el tiempo parece suspenderse, reside su poder poético.
Los días perfectos nos recuerda que la perfección en el amor es una ilusión, una imagen que se desvanece cuando la rutina impone su ritmo, pero también que en esa imperfección se encuentra lo más humano: la posibilidad de elegir una y otra vez al otro, incluso cuando los días perfectos han quedado atrás. Una propuesta profundamente emocional y honesta, que deja en el aire una pregunta esencial: ¿cuánto cuesta recuperar los días perfectos?
Los días perfectos, adaptada y dirigida por Daniel Veronese sobre la novela homónima de Jacobo Bergareche, es una propuesta que llega desde Argentina con Julieta Novarro a cargo de la producción general, de la mano en España de ProduccionesOff (Principiantes, Los amigos de ellos dos, El traje o Don´t fuck with Carrie), con la actriz y productora Mónica Regueiro al frente.
El equipo artístico está compuesto por Alberto Negrín (Escenografía y Videoproyección), Ariel Ponce (el gato) (Iluminación), Rebeca Ricosta (Diseño gráfico), Sergio Parra (Fotografía y Vídeo) y Ana Guarnizo (Producción).
Hasta el 26 de Octubre en Teatro La Latina.