Volvemos a escribir sobre esta obra tras nuestra experiencia en el patio de butacas.
Al entrar a la sala tuve un pensamiento: “Sé que voy a disfrutar de las sensaciones que me produzca esta obra” Así fue.
No me equivoque. «La Reina de Metal» dirigida y protagonizada por Vanesa Aibar y Enric Monfort propone una búsqueda musical, corporal y estética que juega con la experimentación del flamenco y la danza contemporánea.
La bailaora nos llevará a indagar los limites en el ritual del paso, donde todo sonido y movimiento puede ser parte de la dramaturgia. Su excelente técnica y destreza se amalgaman con el ruido de las cadenas que cuelgan y forman el espacio, creando la fusión del flamenco, el movimiento libre y la posibilidad de que todo sea parte de la música. Aquí reside una de las premisas más importantes de la obra: la escucha de los intérpretes.
Tanto Enric como Vanesa, se dejan llevar por las transformaciones y devenires que el mismo espectáculo va pidiendo.
El metal se vuelve una sonoridad poética y la obra se escribe a través de él. En principio, desde una búsqueda más rudimentaria (ruidos de cadenas cayendo, rozando el suelo, tocándose entre ellas) para más tarde volverse un espectáculo inmersivo que se apoya en la tecnología de espacialización 4D Sound. Mezclando percusión, con música electrónica y flamenca, el sonido aparece en el espacio como una entidad con presencia y profundidad. Nos encontramos ante una experiencia sensorial única.
Además de la increíble técnica coreográfica y la partitura musical, es interesante apreciar la participación del público habitando el escenario del Teatro Canal. A los costados del mismo, casi en patas, se ubicaban las butacas donde parte de los espectadores colaboraban construyendo una intimidad en la obra. Una especie de tablado que contiene a la escena. «La Reina de Metal» podría ser interpretada en sus enormes capas y durar toda la noche, ya que sus devenires son propuestas constantes a la investigación. Pero para nosotras, la esencia de la obra reside en experimentar y dejarse llevar por el sentir que los interpretes nos van mostrando.
