Dos óperas rusas en el Teatro Real: ‘Eugenio Oneguin’ y ‘El Cuento de zar Saltán’.
Tras ‘Eugenio Oneguin’, de Piotr Ilich Chaikovsky (1840-1893), el Teatro Real programa otra ópera rusa de lo que va la temporada, ‘El Cuento de zar Saltán’, de Nikolai Rimski-Korsakov (1844-1908). Ambos títulos fueron estrenados en Moscú (en 1879 y en 1900, respectivamente), y tienen en común en que ambas historias provienen del mismo autor, Aleksandr Sergeievich Pushkin (1799-1837), el gran escritor y poeta ruso que influenció a Dostoyevski, Gogol y Tolstói.

‘Eugenio Oneguin‘ de Chaikovski es la ópera romántica rusa por excelencia, basda en la novela homónima en verso con una coherente puesta en escena confiada al alemán Christoph Loy, en la que se ha lucido, entre el reparto de jóvenes protagonistas, el ucraniano Bogdan Volkov con una voz de tenor muy cristalina y expresiva, llena de humildad. También cabría destacar la longevidad y excelencia vocal de Elena Zilio, la mezzo-soprano italiana que, con más de 80 años de edad, aún sigue activa y en perfecto estado vocal y físico para subirse a un escenario de primera categoría. El elenco, el Coro Titular del Teatro Real y la Orquesta Sinfónica de Madrid fueron dirigidos por el español Gustavo Gimeno, que asumirá el puesto director titular del coliseo madrileño a partir de la próxima temporada.
‘El Cuento de zar Saltán’ de Rimski-Korsakov ofrece una lectura dramatúrgica claramente muy distinta: a pesar de tratarse de un cuento, el concepto escénico del ruso Dimitri Cherniakov propone que la historia misma del zar Saltán sirva de herramienta para explicarle a un niño autista, a través del cuento, su situación familiar: una madre soltera abandonada por su marido incapaz de asumir la situación de su hijo. Además de un reparto vocal de lujo – nuevamente, protagonizado por Bogdan Volkov, acompañado por Ante Jerkunica, bajo, y Svetlana Aksenova, soprano, y la música de Rimski-Korsakov con una rica y potente orquestación y coro, lo que destaca es el vestuario con unos coloridos y voluptuosos trajes de esponja ubicados en los ambientes escénicos de ensueño, combinados con una proyección audiovisual muy conseguida que transporta al espectador a una fantasía infantil inocente.
