El pasado 25 de abril tuvimos el privilegio de asistir al estreno de «Vendrán los alienígenas y se llevarán tus ojos», una obra que propone un diálogo íntimo e introspectivo, interpretado con gran sensibilidad por la magnífica Maricel Álvarez. Bajo la dirección y dramaturgia de María Velasco, la pieza nos sumerge en una experiencia escénica que fusiona ciencia ficción y comedia romántica, explorando el amor desde una perspectiva utópica y, a la vez, profundamente humana.

En este universo simbólico, el “otro” —la persona amada, deseada o pérdida— es representado como un ser alienígena, una presencia lejana e incomprensible, un objeto no identificado que habita una dimensión distinta. Esta metáfora, cargada de ironía y melancolía, permite a Velasco hablar del extrañamiento en las relaciones afectivas contemporáneas.
Uno de los aspectos más destacados de la puesta en escena es el uso del cuerpo y el movimiento de éste como instrumento narrativo. La danza y la musicalidad emergen de forma orgánica gracias al talento de Carlos Beluga, actor, bailarín y músico, quien seduce al público con una “danza espacial” cargada de poesía corporal. Acompañado por guitarra, bajo y micrófono, su intervención se ve realzada por la música de David Bowie, creando momentos de alto magnetismo.
El texto gira en torno a la crisis existencial de la protagonista al llegar a los cuarenta años, abordando temas como las rupturas amorosas y la evolución de las relaciones sentimentales a lo largo de las generaciones. El desamor se plantea como un mal contemporáneo, casi generacional. En este sentido, una frase resuena como síntesis de ese desencanto: “No vuelvas a enamorarte, por lo menos hasta los cuarenta”.

La obra avanza entre monólogos que invitan a la reflexión sobre el amor, la política, el capitalismo, el porno y otros temas que atraviesan la intimidad y lo social. A pesar de la crítica, el mensaje final se mantiene claro y esperanzador: enamorarse sigue valiendo la pena reivindicando el amor libre y cursi.