El Teatro Real acaba de estrenar ‘Madama Butterfly’ de Giacomo Puccini (1858-1924); el título llega al coliseo madrileño después de siete años, esta vez con una propuesta escénica actualizada a cargo de Damiano Michieletto producida por el Teatro Regio de Turín. La ópera está basada en la obra de teatro homónima del dramaturgo californiano David Belasco que, a su vez, se basó en la novela corta de John Long.

La trágica historia trata de una geisha quinceañera Cho-Cho-San, venida a menos, que se enamora perdidamente del lugarteniente Pinkerton de la Marina estadounidense, transcurre en Nagasaki. El casamiento al estilo japonés, y por tanto, no válido ante las leyes americanas, se celebra debajo de un puente de callejuelas de la ciudad, en un suburbio lleno de charcos y puestecillos de comida que cualquier viajero encuentra en cualquier ciudad asiática (u occidental, por cierto), con enormes pancartas con anuncios de cadenas alimenticias americanas.
Al contraer el matrimonio con un extranjero, Butterfly rechaza el budismo a favor del “Dios americano” y es, a consecuencia, repudiada por sus parientes. La puesta en escena está llena de recursos como el vestuario para hacer ver al público la transformación cultural de Cho Cho San: lleva unos vaqueros con lentejuelas y una camiseta de Hello Kitty. Sus familiares e invitados a la boda más cercanos visten de manera occidental imitando los peinados al estilo de las grandes divas estadounidenses, vestuarios tipo hippies de Woodstock o, simplemente, un chándal con T-shirts deportivas. Todo ello con el fin de guardar las apariencias durante unas horas.
La puesta en escena por tanto, despoja a la historia de Butterfly de todo tradicionalismo nipón de los siglos pasados, le quita las capas del misticismo de una nación de samurais y nos cuenta la relación de Pinkerton y Madama a la cara, ofreciendo una crítica social persistente – Butterfly es una jóven víctima del turismo sexual ejercido por los occidentales. Sin embargo, en su ser mantiene la nobleza más profunda, heredada de su padre muerto y conservando “el honor” de una muerte digna antes de ser completamente deshonrada por Pinkerton, repudiada por sus parientes y, finalmente, separada a fuerza de su único ser querido, el niño de ojos azules que llama Dolor (Trouble en inglés original).
La música de Puccini va más allá de lo sobrecogedor y supera a otras óperas puccinianas más conocidas como ‘Turandot’ o ‘La Boheme’, no menos merecedoras de halagos, por cierto. Sin embargo, la música de ‘Madama Butterfly’ abraza al oyente con un amor incondicional desde el primer compás, y no le suelta hasta el final; está repleta de leit motiv, las armonías flotantes del lejano oriente, los colores ahora cálidos, luego metálicos, de una orquestación inmensa y potente a la vez, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la batuta de Nicola Luisotti, con un elenco excepcional de voces de primer nivel como Aylín Pérez o Saioa Hernández en el papel de Butterfly, Matthew Polenzano y Michael Fabiano como Pinkerton sumando a ellos dos repartos más para cubrir las diecinueve funciones. El coro femenino se luce en el acto primero, y al final del acto segundo con la famosa melodía a boca cerrada, dirigidos por José Luis Basso. Cabe mencionar también la acertada elección de actrices y actores de figuración, la gran mayoría de origen asiático. Un espectáculo redondo que emocionará al espectador del 30 de junio al 22 de julio en el Teatro Real. Puedes comprar tus entradas aquí en la web del Teatro.
